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Ni blanca, ni enanos, ¡pero mucha nieve!

// Agosto 27th, 2009 // 16 Comments » // Memorias de una GAY-sha

muchanieve

Alonso tenía 19 años y muchas ganas de vivir. Tenía problemas en su casa, se llevaba pésimo con su hermano mayor y cada que podía desaparecía. Se quitaba a casas de amigos o se iba de fin de semana a escapar de sus propios demonios que lo atormentaban diariamente; es que había visto sufrir demasiado a sus padres, los había visto llorar tantas veces, que él no quería ser un dolor más.

¡Quería ser feliz! Tener una vida, pero sin lastimarlos. Y la noticia de que era gay iba a ser una puñalada para los pobres corazones ya debilitados de sus padres por culpa de un mal hijo: el mayor. Pero es que nadie elige ser gay, nadie lo decide antes de nacer. Solo lo eres o no. Y él lo era, lo era desde siempre pero tenía este sentimiento retraído. Porque cuando lloras mucho de niño, ya no lo quieres hacer más de grande.

Yo soy Alonso, y cuando puedo salgo de clases y me quito a huevear con mis amigos del Instituto. Estudio locución, es que no me gusta mucho mi timbre de voz; es muy chillona. Y me da roche ese tono nasal del que desde chiquito, siento que hablo como engreído.

En el salón había un muchacho que siempre me buscaba la conversación, Sergio. Yo no lo llevaba, era pesado, guapo pero patán. Como que siempre quería parar con alguien para sacarle provecho de algo. Y eso sí, a mí pídeme lo quieras pero no me pidas plata, porque “me estás mentando la madre”.
Siempre me “picaba” para su pasaje, o te metía el floro de que no había almorzado y se cagaba de hambre para que le invites algo del kiosko. Yo no lo buscaba, pero se sentaba conmigo y loreábamos bastante. Era pendejo se le notaba. Tenía pelo negro y un poco largo, ojos amarillos medios verdosos y la piel bien bronceada. Era de talla normal, pero espaldas anchas, buenas patas y un culazo, de esos que han hecho deporte siempre, pero desarreglado look. Un poco despreocupado, si está peinado o no, olía a cigarro siempre. Bueno, casi siempre tenía uno en la boca, cuando no estaba empujándose un sanguche o me estaba quitando un pedazo del mío. Un día me dijo:

- Alonso, acompáñame abajo a la playa a dar una vueltita al toque. Un pata me viene a recoger en su caña. ¡Vamos huevón!
- Ya pero al toque, no quiero quedarme abajo hasta muy tarde.
- Una “chiki” nomás -me dijo -Y atraqué. Salimos de clase y el auto nos estaba esperando al frente.
- Ahí está mi pata. Sube atrás. -el auto era oscuro, con lunas polarizadas. Era elegante, él subió adelante.
- Hola Rodriguito, ¿cómo estás?
- Hola Sergio ¿Y él? -preguntando por mí.
- El es Alonso, mi brother del Instituto y normal nomás. Es mi causa. (más…)