Los años espantosos
Cuando tienes 16 años quieres tener 25, para según tú hacer lo que quieras; pero cuando pasas los 25 te das cuenta que solo puedes hacer lo que quieras a los 16, por que a esa edad la responsabilidad es cero y todo se te perdona por tu corta edad, pero los 16 no son tan pajas cuando eres gay pero tienes enamorada, es que ya bastantes problemas tengo en mantener en orden mi aula para que mis compañeros no se me suban a la cabeza y comiencen a meterme la mano al poto como a Rubén Gadol, el otro mariconcito del salón que no tuvo la inteligencia de hacerse amigo de los que comandan el aula y así asegurarse un año de tranquilidad sin bromas pesadas.
Rubén Gadol me odiaba, por que sabía que yo también era maricón pero a mí nadie me molestaba, es que como paraba con los pendejos del colegio me había ganado por derecho ese respeto, por supuesto que tenia mi propio calvario yo tenía que soportar todo lo que me obligaba hacer Roberto Malca el más bronquero, respetado y pendejo de todo mi colegio. Nosotros estábamos en cuarto de media, pero ni los de quinto se metían con el, era conocido y súper popular entre las chicas de varios colegios de Lima, inclusive cuando nos buscaban bronca gente de afuera el sacaba cara por nosotros, nadie se metía con él.
Roberto Malca sabia que yo era gay, o por lo menos lo sospechaba, por eso siempre me tenia como en jaque, no es que fuera abusivo, él más veces me ha defendido pero a cambio yo le prestaba mis cuadernos cuantas veces quisiera, en el kiosko mi cuenta le pertenecía y yo tenia que resolver sus exámenes de ingles, pero era eso o soportar el desamparo de mi garantía de seguridad, respeto y por consiguiente la constante amenaza de ser insultado o agredido en cualquier momento por algún atorrante que siempre se quejaba del por qué de mi valija diplomática, es que uno desde la escuela comienza a tener enemigos.
Roberto se llama, igual que yo y eso no es ningún problema en el colegio, por que todos se conocen por el apellido, mi apellido es Casas, aunque nunca supe por que mis compañeros siempre me llamaron por mi nombre.
Teníamos clase de literatura con “Phill Collins", es que mi profesor era igualito al cantante de "Sussudio”, tema que sonaba fuerte en las radios de todo el mundo. Llegué tarde a clase por que me quedé ensayando Jesucristo Superstar, la obra de teatro que espero presentar a fin de año, por que a decir verdad esta personalidad de figuretti siempre la he tenido y no me aguantaba las ganas de que los demás me vean actuar.
Cuando "Phill Collins" entra al aula, ya nadie puede entrar detrás, me quedé mirando por la ventanita a ver si sentía compasión y me hacía pasar, me hizo un ademán que entre y empuje la puerta, todo el salón se sorprendió del gesto del maestro que era recio... me disculpé.
- No me diga “disculpe profesor”, dígame “gracias profesor” estoy siendo amable con usted Casas.
- Gracias profesor.
Me voltee rápidamente dirigiéndome al fondo del aula para sentarme y escucho…
- ¿A dónde va Casas, se puede saber?
- A sentarme, le respondí sorprendido.
- ¿Y quién le ha dicho señor Casas que usted puede sentarse? Ese es un privilegio de los que llegan temprano, usted esta tarde.
- Si lo sé... pero es que me quedé ensayando la obra de teatro con la profesora de arte...
- ¿Ah sí? ¿Qué obra?
- Jesucristo Superstar.
- ¿Y usted que papel hace señor Casas?
- El papel de Judas señor, hago de Judas Iscariote.
- ¿Y lo hace bien? toda el aula se rió.
- Bueno, creo que sí, eso es lo que dicen.
- ¿Quién le dio el papel? ¿La profesora o lo eligió usted?
- Lo elegí yo.
- ¿Y por qué no eligió el de Jesús? ¿Acaso no es ese el papel principal?
- Si, si claro ese es. Pero yo no me parezco a Jesús, no tengo barba ni pelo largo.
El aula se volvió a reír, él con un gesto los calló.
- Usted cree señor Casas que no se parece a Jesús, pero piensa que sí se parece a Judas Iscariote. ¡¡Qué interesante!! Usted se identifica con unos de los traidores más conocidos de la historia del hombre, o sea usted se asemeja nada menos al que vendió a Nuestro Señor.
Había un completo silencio, yo rojo, avergonzado, no atiné a nada… me quede callado.
- Siéntese señor Casas o debo decir ¿Judas Iscariote?
Obedecí sin decir nada. Maldito Phill Collins, ¡Qué roche!
- Oye siéntate acá.
Roberto Malca me pasó la voz para que me siente con él a su lado era la penúltima banca del aula.
- ¡Puta que roche huevón!
- Si ¿no? Qué roche, ese huevón de Phill Collins me llega al pincho, cabro conchadesumadre.
- Ya cállate Roberto que me van a volver a llamar la atención.
- Eres un huevón. Yo lo hubiera mandado a la mierda.
- ¡¡¿Qué?!! ¿Y que me manden a marzo? ¡Ni cagando! yo detesto venir al colegio en verano.
Sonó el timbre de recreo.
- Vamos al kiosko ¿no? dije. ¿Quieres algo?
- Un sanguche y una gaseosa, ¿tú?
- Yo no quiero nada, mi vieja me va a matar cuando sepa que debo 200 soles!!
El Brigadier General del colegio era el cretino de Cristian Botto, un payaso que no solo se creía guapo, sino la autoridad después del director. Era bastante insoportable.
- ¡¡Oye Roberto!!, gritó Botto a unos metros de nosotros.
- ¡¡¿¿Qué cosa??!!. Volteamos y contestamos los dos al mismo tiempo.
- ¡¡Le hablo al hombre!!, me grito. Yo no hablo con maricones.
- ¡¡¿¿Qué tienes imbécil??!!, le contesté. A mí me hablas con educación.
- Yo estoy hablando con Roberto Malca, no contigo. ¡¡Rosquete!!
- ¿Qué pasa Cristian? ¿Por que te metes con casas?, si él no te ha hecho nada. Intervino mi compañero de aula.
- ¡¡Eso quería saber!!... Siempre sacas la cara por este chivo, ¿por qué ah? ¿¿No será que eres su marido??
Roberto no le contesto nada, de un salto le metió una patada al Brigadier que lo tiró en medio del patio, un par de puñetes y comenzó la bronca. Se agarraron del cuello, Cristian se defendía bien, le un rodillazo a la espalda, Roberto lo tenía ahorcado, se hizo un círculo alrededor de ellos, llegó el auxiliar, los dos a la dirección. La bronca terminó pero todos me miraban, sabían cual había sido el motivo de la pelea, nadie me decía nada. Solo me miraban...
De regreso a mi casa después de las clases, preocupado por lo que a Roberto le podía haber pasado, me quedé pensando en el autobús, renegaba del maldito de Cristian Botto, si no fuera tan ignorante y pretencioso. ¡¡Que rabia carajo!! Llegue a mi casa y llame a Roberto. Contesto su mamá.
- Hola buenas tardes, ¿Está Roberto por favor?
- ¿De parte de quién?
- De Roberto Casas señora, soy un compañero del colegio.
- Sabes que Roberto está castigado, lo han suspendido por una semana y estará en su cuarto encerrado. Colgó.
¿¿Una semana??,¡¡Que palta!! Y todo por culpa de ese idiota, voy a llamar a Fabiola.
Fabiola era mi enamorada. Sí, ya sé que les dije que soy gay, pero es mi enamorada pues. Todos en mi aula vamos a fiestas y conocemos a muchas chicas también, un día me agarré a ella, mejor dicho, ella me agarró a mí y desde ahí se puede decir que tengo enamorada, además su hermano esta en mi cole y eso calma las aguas de los comentarios.
- Hola Fabiola, soy yo Roberto.
- Hola, oye lorna... ¿por qué no me llamas nunca ah?
- Puta, por que no puedo, solo puedo los fines de semana.
- Ay sí, pero hace tres semanas que no nos vemos.
- Si ya sé ya, mañana si quieres.
- Oye ¿qué pasó hoy en tu colegio?, mi hermano me contó que hubo una bronca.
- Si, Roberto Malca se peleó con el Brigadier General en el patio.
- Mi hermano dice que fue por tu culpa.
- ¡¡¿¿Tú hermano que chucha sabe??!!
- ¡¡Él dice no más!!
- Puta, ¿sabes qué?, ¡¡ya me asaste, chau!!
- Oye Roberto no me...
Corté. No quería escuchar más huevadas, además siempre era perfecto inventar algo para ni verla, ni llamarla.
¡¡Estoy harto!! ¡¡Quiero irme del colegio!! ¡¡Ya no lo aguanto!! ¡¡Quiero mandar todo a la mierda!! Irme lejos, caminar, quiero conocer gente de ambiente, dejarme de huevadas, de los pavos del colegio que no saben nada. ¡¡Quiero estar ahí con gente como yo!!.
Fin de semana desastroso. Sin nada que hacer ni con quien parar. Es que la gente hetero ya no me pone, cada día me aburren más, a veces quisiera entrar al salón y gritar delante de todos: ¡¡SOY GAY!! ¡¡Pavos y la chuchasumadre!! ¡¡Retrasados de mierda!! ¡¡Me llegan al pincho todos!! Pero no puedo, tengo que callar. ¿Acaso esta prohibida para mí la libertad? Tengo que salir de este agujero que me está matando, estoy muriendo y recién tengo 16 años.
Lunes de nuevo al cole, pero ya me imagino lo que se me viene, con Roberto Malca suspendido, estoy sin "chaleco". Tiro mi mochila azul eléctrica en la carpeta y se me acerca Rubén Gadol.
- Hola Casas.
No le contesté nada, yo ni lo miro, me molesta que sea tan ordinario ese maricón, tiene una facha desagradable.
- ¡¡Te estoy hablando!! ¿Estás mudo?? ¿¿O te volviste loco??
- Loco debe haber estado el que te hizo cabro. Le respondí y me mate de la risa.
- Te crees la gran cagada ¿no maricón? Te espera una semana de infierno sin tu protección.
Salí sin responderle, no valía la pena, además yo siempre lo miraba con indiferencia.
Me fuí al patio, pasé por el kiosko para tomar una gaseosa, me encontré con Héctor, el hermano de “mi enamorada".
- Hola Roberto.
- Hola Héctor.
- Pensé verte el fin de semana por mi casa... Fabiola te esperaba.
- Tuve una reunión familiar, no pude...
- Oye Roberto, tú me caes bien, pero si no quieres nada con mi hermana... ¿por qué mejor no se lo dices y terminas toda esta huevada?
- Mira loco, la nota entre tu hermana y yo… es un asunto de dos y perdóname, pero si ella quiere terminar... que me lo diga.
- ¡No!... No sé si ella quiere terminar, pero a ti te veo muy alejado y comprende que yo soy su hermano y no quiero que le hagan daño...
- No te preocupes, que yo soy incapaz de lastimar a una mujer.
Me fui pensando en lo que me dijo Héctor. El era un caballerito, todo el colegio lo sabía y lo conocía, así como a sus padres que eran de los que nunca faltaban a las reuniones, que están muy pendientes de la educación de sus hijos y de lo que sucede en el colegio. Héctor fue un chico muy bien criado por sus padres, lo educaron muy bien. Nunca pensé verte después de años Héctor, me dio gusto abrazarte cuando te vi bailando con tu pareja en esa discoteca gay de Buenos Aires a donde fuiste a estudiar. ¡Qué papacito te estabas agarrando también!... De la mejor carne argentina. Nos reímos de cuando éramos chicos y yo era tu cuñado. Qué lindo saber que Fabiola se casó y es feliz con su marido. Qué pena que perdió a su bebé y nunca podrá ser mamá, la vida a veces es así.
Regreso al salón, ya sonó el timbre. Clase con Phill Collins, mi mochila no estaba en mi carpeta, me asusté, miré a todos de reojo, se hacían los tercios, me acerqué donde Rubén Gadol, ese maricón tenía algo que ver, estoy seguro.
- ¡Oye! ¿Dónde está mi mochila?
- ¿A mí qué me dices? yo no soy tu secretaria.
- ¡Oye maricón de mierda ¿dónde has escondido mi mochila?
- ¡Te digo que no sé!... Además no me molestes.
Me desesperé y lo agarré con fuerza por los brazos, él dio un grito muy mujer.
- ¡¡¿Qué pasa ahí?!! Gritó Phill Collins.
- ¡¡Profesor!!... Casas me está lastimando.
- Profesor, me han escondido mi mochila. Refuté.
- Yo pensé que se estaban peleando por el papel principal de Jesucristo Superstar.
Toda el aula se rió.
- ¡¡Vengan los dos!! ¡¡¿Qué ha pasado?!!.
- Profesor, me adelanté. Mi mochila ha desaparecido.
- Sí, dijo Gadol, pero Casas me culpa a mí.
El profesor mira al aula.
- ¡¡¡¿Quién tiene la mochila?!!!, preguntó. Nadie dijo nada. Gadol regresa a tu sitio, Casas vete que yo recuperaré la mochila.
- ¡Pero Profesor!...
- Confía en mí.
Salí del aula molesto, mi vida era un infierno y la semana recién comenzaba, escuché que me llamaban...
- ¡¡Casas!!... ¡¡Roberto Casas!!... ¡¡Hey!!...
No entendía bien de donde venían las voces, no eran muy altas.
- ¡¡¡ Acá.. arriba!!!
Venían del segundo piso, del tercero de secundaria. Era el hermano menor de Rubén Gadol que estudiaba ahí, me llamaba con mi mochila en la mano.
- ¿Ésta es tu mochila, no Roberto?
- ¡Sí... sí… es mía!, ¿quién te la dio?
- Mi hermano que está en tu aula, pero no me gusta ese tipo de bromas. Toma, está completa.
- Gracias, le dije. ¿Cómo te llamas?
- Michael, Michael Gadol.
- Gracias Michael, te debo una.
Él se rió y yo regresé al salón. Por supuesto que inicié una amistad con Michael muy estrecha. Primero, por que su gesto me encantó y segundo para mortificar a su hermano, que no le hacía ninguna gracia que yo pare con su hermano menor, hasta que un día me lo tiré y dejé de parar con él. Total, nunca significó nada especial.
Pero por quien sí sentía atracción era por Roberto Malca, había pasado una semana de su suspensión y casi lo extrañaba, no solo por que me defendía de cualquier amenaza si no por que su compañía diaria se había hecho especial. Ya les dije que él sospechaba de mi opción, pero me gustaba que la respetara. Era pendejo, pero no era abusivo. Eso me atraía, esa cancha que es muy raro que tenga un chibolo de esa edad.
- ¿Aló?.. ¿Aló, si? ¿Con Roberto por favor?
- Él habla, ¿ Con quién hablo?
- ¡¡Hola soy yo, Roberto Casas!!
- ¡¡Hola huevón, que tal?
- Puta, ahí pues... ¿Ya te levantó el castigo tu mamá?
- No, pero ven a mi casa que estoy solo.
- ¡Chévere¡ me cambio y voy.
Llegué a casa de Roberto Malca, era en Pueblo Libre y no estaba tan lejos de mi casa. Jugamos todo el día en su cuarto, en la compu, jodimos por el balcón a las chicas que pasaban y nos hicimos limonada. Es que él tenía eso, esa facilidad para pasarla bien, mientras estaba castigado. El era muy listo, era veloz con la mente pero sin embargo respetaba cosas, como por ejemplo el castigo de una semana que le impuso su madre. No es común en un muchacho que es bronquero y un poco malandrín en el colegio.
- ¡Vamos a levantar pesas! me dijo.
- No ni cagando, gracias yo paso.
- Ya pues Robertito, hay que tener músculos.
Y me enseñaba sus brazos formados por el ejercicio. Levantaba las pesas con facilidad, un brazo después el otro, ahora planchas. Se quitó el polo, se hacía las planchas muy rápidamente, su espalda se marcaba por el ejercicio. Yo lo miraba como sudaba, las gotas recorrían su torso desnudo. Él me miraba.
- ¿A quién quieres más Robertito? ¿A Fabiola o a mí?
- ¿Qué cosa? le dije.
- ¿A quién quieres más, si a tu "bro" o a la Fabiola?
- A mi enamorada ¿no? contesté. Él se rió.
- ¿Por qué mientes maricón? A tu enamorada no la ves hace un mes y a mí me llamas a cada rato. Mira, me dijo. Lo que tú seas a mí no me interesa, total es tu vida, con tal que no me jodas, todo perfecto.
¡¡Me quería morir!! ¡¡Qué tal parche me puso Roberto!!. Y yo que comenzaba a alucinar con él.
- No te preocupes que yo nunca le diré nada a nadie, mucho menos te molestaran delante de mí, siempre te defenderé, pero si quieres un "marido" mira a otro lado Robertito, que de amiguitos no vamos a pasar.
Me sentí pésimo, salí de su casa destrozado. ¿Con qué cara lo podía mirar el lunes? ¡Que
Horrible pesadilla! Me aleje un poco de él.
El Salón de Actos estaba repleto, la obra Jesucristo Superstar había sido esperada por el colegio todo el año. Cincuenta alumnos actuaron esa noche, la profesora de arte y mi tutora miraban con satisfacción el trabajo realizado, brillé con mi actuación. ¡Buen trabajo!, me dijeron varios compañeros. Me quedé al final, se cayó el telón, me senté en una silla del Salón de Actos mirando el suelo, siempre he sido un muchacho de largos silencios.
Escuché bulla, caminé despacio, estaba todo apagado, solo la luz del patio que se filtraba por la ventana, te hacía poder divisar algo. Entré al almacén que estaba vecino a los baños. ¡Ahí estaban!... Los dos... muy juntitos y besándose... ¡¡Rubén Gadol y Christian Botto!! Se tiraron en una colchoneta de Educación Física y el Brigadier se bajó el pantalón para que Gadol se la chupara, hablaban bajito, pero con naturalidad y confianza. No se escuchaban bien las cosas, pero me di cuenta que no era la primera vez que estaban así. Me quedé mirando como Gadol le besaba el estomago y las piernas. Christian le acariciaba el pelo con las manos, era "su mujer" y se sabían de memoria "su rutina".
Salí nervioso, me dio calor, el antipatiquísimo de Rubén Gadol se devora al Brigadier del colegio. ¡Qué pendejo el maricón! Bueno, es una loca declarada, me imagino que se habrá tirado a la mitad del colegio, pero si me sorprendió que se la chupe al homofóbico de Christian Botto, que tanto le gusta joderme de cabro y además no pierde oportunidad de gritar su "hombría" y repudio a los amanerados. Eso me pasa por no decir que soy gay, si lo dijera todo se terminaría, mi vida sería más sencilla y todo el mundo lo sabría. Podría tener por fin un novio o alguien con quien estar de verdad, no solo de fantasía.
Recojo mi libreta. ¡Putasumadre! Me jaló Phill Collins, que huevada ir a marzo, el chongo que me va hacer mi mamá, encima debo como 250 soles en el kiosko con este sol de mierda que me quema la cabeza. Voy al baño a tomar agua, me quiero salir del cole sin que la tía me vea y me venga a cobrar. ¡Ay que rica viene el agüita en la nuca! Me va a reventar esta vida, la cabeza me va a estallar.
- ¡Hola Casas!
-¡Hola Roberto! Pucha no te veo hace dos meses por lo menos, ¿por qué no has terminado el colegio?
- Por que ya me llegó el colegio, estoy trabajando con mi papá en Pucallpa, ahí él tiene su aserradero y lo que quiero es plata.
- ¿Ah sí? Puta ¿y que estás haciendo ahora acá?
- Me he venido a pasar navidad con mi vieja y vine hoy al cole para visitar a la gente, pero solo te veo a tí.
- La gente ya se quitó, se fueron en mancha a chupar a la vuelta.
- Y tú como siempre, marcando tu distancia, no te gusta parar en mancha.
- Tú sabes que no me vacila, además te quitaste y me quedé sin batería.
Nos reímos.
- Puta Robertito, tú tienes que encontrar un huevón lindo como tú, que a ti te guste, no un pendejo como yo.
- Sí pues, pero no es tan sencillo.
- ¡Ven amiguito!... Tú eres un chiquillo muy especial.
Me jaló del brazo y me dio un besito, casi no lo podía creer, me siguió besando un rato largo, con mucha ternura.
- Oye Roberto... ¿Por qué recién...?
- Cállate, me dijo, esto no volverá a suceder, es una despedida por que quizás nunca más nos volveremos a ver.
Y me volvió a besar. Yo estaba feliz, mi corazón latía de emoción.
- Que pena que no podamos seguir, me dijo. Creo que ya terminó la función.
- ¡¡No!! Le dije. Yo sé donde podemos ir.
- ¿A dónde loco?, estamos en el cole.
- ¡Ven sígueme!, vamos al Salón de Actos.
Caminamos casi corriendo rumbo al almacén.
- Oye pendejo, ¿con quién te venías a tirar acá?
- Con nadie, un día los encontré a Rubén Gadol y Christian Botto besándose acá.
- ¡¡¿¿Qué??!! No te puedo creer.
- ¡Te lo juro!, los encontré después de la obra Jesucristo Superstar. Ellos nunca me vieron.
- Roberto, yo nunca he estado con otro hombre... Esta será mi primera y última vez, respétame tú también. Lo hacemos a mi manera, ¿Ok?
- Ok, lo hacemos como tú quieras, le conteste.
- Para empezar, yo soy el hombre.
Me reí.
- Sí, okey, tú eres el hombre.
Nos echamos en la colchoneta, sin miedo, desnudos, como dos amantes amigos, que se juntaban por que se despedían. Él me mandaba, tenía mucha más experiencia, yo solo disfrutaba de todo el amor que me daba.
- Te la meto, dale. Me dijo.
- Yo no sé si estará bien que lo hagamos.
- Ven bebito, yo te quiero, seríamos más amigos, pero es peligroso parar contigo.
Nos reímos.
- ¿Por qué es peligroso parar conmigo?, pregunté
- Por que yo soy un chico y tú piensas como chica a veces.
El sol quemaba fuerte y se filtraba por las ventanas altas del almacén de colchonetas Hicimos el amor con mucha ternura, como dos amigos que no se aman por que no se puede, pero se quieren mucho.
- ¡Vámonos!, debemos ser los únicos en el colegio.
- Si, ya vámonos.
Salimos del colegio después de vestirnos, en la puerta nos miramos, ya no se podía alargar más la despedida.
- Chau loquito cuídate, te deseo lo mejor.
- A ti también, le dije.
Quería llorar un poco, lo abracé por última vez, él se reía, yo también, que sensación tan rara, cuando te ríes y se te caen las lágrimas. Alguien me golpeó por la espalda.
- ¡¡Casas!! Me debes 250 soles hijo. ¿¿No te pensabas ir sin pagarme, no??
- No, de ninguna manera, solo que ahorita no tengo plata, pero voy a venir en marzo, me jalaron en Literatura.
- ¡¡No!! Intervino Roberto, tranquilo que yo pago esa cuenta, además en realidad es mía.
- ¿De verdad? Pregunté consternado.
- ¡Claro! Además ya te he dicho que estoy chambeando con mi viejo. Oye ¿y te jaló Phill Collins?
- Sí, alucina.
- Yo siempre pensé que ese profe no te quería por que te sentabas conmigo.
Y nos miramos riéndonos. Con nuestros 16 años en la sonrisa sin saber lo que nos depara la vida, sin saber que la vida algún día nos puede borrar esa sonrisa…