Ni blanca, ni enanos, ¡pero mucha nieve!
Alonso tenía 19 años y muchas ganas de vivir. Tenía problemas en su casa, se llevaba pésimo con su hermano mayor y cada que podía desaparecía. Se quitaba a casas de amigos o se iba de fin de semana a escapar de sus propios demonios que lo atormentaban diariamente; es que había visto sufrir demasiado a sus padres, los había visto llorar tantas veces, que él no quería ser un dolor más.
¡Quería ser feliz! Tener una vida, pero sin lastimarlos. Y la noticia de que era gay iba a ser una puñalada para los pobres corazones ya debilitados de sus padres por culpa de un mal hijo: el mayor. Pero es que nadie elige ser gay, nadie lo decide antes de nacer. Solo lo eres o no. Y él lo era, lo era desde siempre pero tenía este sentimiento retraído. Porque cuando lloras mucho de niño, ya no lo quieres hacer más de grande.
Yo soy Alonso, y cuando puedo salgo de clases y me quito a huevear con mis amigos del Instituto. Estudio locución, es que no me gusta mucho mi timbre de voz; es muy chillona. Y me da roche ese tono nasal del que desde chiquito, siento que hablo como engreído.
En el salón había un muchacho que siempre me buscaba la conversación, Sergio. Yo no lo llevaba, era pesado, guapo pero patán. Como que siempre quería parar con alguien para sacarle provecho de algo. Y eso sí, a mí pídeme lo quieras pero no me pidas plata, porque "me estás mentando la madre".
Siempre me "picaba" para su pasaje, o te metía el floro de que no había almorzado y se cagaba de hambre para que le invites algo del kiosko. Yo no lo buscaba, pero se sentaba conmigo y loreábamos bastante. Era pendejo se le notaba. Tenía pelo negro y un poco largo, ojos amarillos medios verdosos y la piel bien bronceada. Era de talla normal, pero espaldas anchas, buenas patas y un culazo, de esos que han hecho deporte siempre, pero desarreglado look. Un poco despreocupado, si está peinado o no, olía a cigarro siempre. Bueno, casi siempre tenía uno en la boca, cuando no estaba empujándose un sanguche o me estaba quitando un pedazo del mío. Un día me dijo:
- Alonso, acompáñame abajo a la playa a dar una vueltita al toque. Un pata me viene a recoger en su caña. ¡Vamos huevón!
- Ya pero al toque, no quiero quedarme abajo hasta muy tarde.
- Una "chiki" nomás -me dijo -Y atraqué. Salimos de clase y el auto nos estaba esperando al frente.
- Ahí está mi pata. Sube atrás. -el auto era oscuro, con lunas polarizadas. Era elegante, él subió adelante.
- Hola Rodriguito, ¿cómo estás?
- Hola Sergio ¿Y él? -preguntando por mí.
- El es Alonso, mi brother del Instituto y normal nomás. Es mi causa.
El tío era cuarentón, alto un poco panzón, trigueño. Estaba con camisa y corbata, el saco, a mi lado en el asiento de atrás.
- Vamos pues, Rodriguito -apuró Sergio.
- No me hagas roche que la gente es bien sapa. -El tío prendió el auto.
- ¿Y qué me cuentas pues "Pollito"? Te has desaparecido. -preguntó a Sergio con un tonito de lo más maricón.
Sergio se rió un ratito y miró para atrás. Yo lo miré como preguntándole con la mirada: Oye, ¿y esta "loca enternada" de dónde salió?
- Él es mi pata Rodrigo -me dijo -es un amigo mío, bien bacán. Nos estamos viendo después de tiempo. -¿Nos meteremos un huirito no? ¿Me trajiste lo que te pedí?
- Siempre cumplo contigo "Pollito" -y sacó de la cajuela una bolsa plástica llena de marihuana. Me quedé sorprendido hasta que Rodrigo se dio cuenta.
- ¿Por qué? ¿Tú no quieres? -me preguntó mirándome por el espejo retrovisor.
- Ja, ja, ja -se rió Sergio. No lo jodas, que Alonsito es tranquilo. Con la seguridad del que tiene todo bajo control.
Yo jamás me había metido un "troncho". Sabía muy poco de drogas, pero no quería quedar como huevón. No dije nada. Sergio "armó" el "bate" con una habilidad que ni la Amprimo tiene cuando hace sus manualidades en televisión. ¡Dos movimientos, saliva y listo! ¡¡Tremenda tiza que salió!! Lo prendió y se metió dos tremendos "toques".
- Fuma -le dijo a Rodrigo.
- No, no. Sabes que no puedo, tengo que regresar al Ministerio y no puedo volver con olor a marihuana. Ya bastante tengo con la "horneada" en el carro.
- Fuma -me dijo.
- ¡¡¡No!!!
- ¡¡Fuma carajo!!
- No. Yo no...
- ¡¡¡FUMA!!!
Y fue así q me metí mi primer "toque". Tosí y se lo "jugué" de nuevo a Sergio. Es que me pegué en el tema de mis padres, de lo mucho que sufrían por culpa de esa porquería, de como mi hermano se iba a la mierda, seguramente por no poder controlar la maldita adicción. Pero ya estaba flotando, el auto se deslizaba por toda la Costa Verde. La música era galopante, Rodrigo tenía buena música.
Fue ese día, que me hice fanático de "U2" con "Elevation" a todo volumen. Fue que me "estonié”.
- ¿Unas chelas? -dijo Sergio cortándome el vuelo.
- Ok. -respondió Rodrigo, parqueando en un kiosko de esos que te atienden al auto.
- ¿Te vino la secona? -le preguntó y los dos se cagaron de risa.
Yo estaba pegao, me preguntaba que hacía ahí con dos extraños y lo peor fumando marihuana.
- ¡¡Dos chelitas heladitas!! -pidió Rodrigo y pagó.
- Bueno, ¿vienes a la fiesta o no? Ya pues Sergio, ¡¡el Número Uno te reclama!!
- ¿Así? ¿¿Qué te dice??
- ¡Que te extraña! -y se rieron los dos.
- Ese pendejo de tu tío quedó mal conmigo, por eso no voy a verlo, ni le contesto sus llamadas -respondió Sergio.
- Ahora el Número Uno dice que tú serás el engreído, que vengas a su santo. ¡Que te quiere ver!
Yo escuchaba la charla sin entender muy bien, pero era seguro que a Sergio, lo conocía mucha gente de peso del entorno de Rodrigo, que más parecía estar enamorado de él que cumplir con los encargos del Número Uno.
- ¡Ya! Yo voy. –dijo Sergio -pero voy con él –y me señaló a mí.
- Anda con quién tú quieras "Pollito". Tú eres el rey.
Yo no aguante la risa y Sergio tampoco. Estábamos en otra.
- ¡Ay maricón eres la cagada! Ya. Dile al Número Uno que yo voy el sábado, pero con mi amigo. ¿ah?
Y me miro de nuevo, bien chinazo del tronchazo que se había fumado.
- Oye Rodrigo, déjanos arriba pues, que ya me vino la bajada. ¿Vamos al Kentucky? -De pronto me dió un hambre increíble a mi también.
- Sí vamos –dijo Sergio todo locazo.
- Oye Rodrigo, ¿no te has olvidado de mi encargo no?
- No, no. Acá está. -Y le entregó un sobre de Manila. Sergio lo abrió y habían tres bolsitas de cocaína y 300 "cocos". Sergio metió la “hierba” que le quedaba ahí mismo en el sobre.
- Acá nomás Rodrigo. Gracias, acá nos bajamos.
- Ok, yo regreso al Ministerio. -Dijo mientras bajaba las lunas para que entre aire y echaba su ONE de Calvin Klein por todos lados.
- Chao. No me fallen ¿ah? -y arrancó.
- Oye Sergio, ¿qué fue todo eso? -y él se cagó de la risa, y me dijo:
- ¡En el Kentucky te cuento!
Nos empujamos dos banquetes, me cagaba de hambre. Ese día aprendí, que si te quieres ver bien no puedes fumar marihuana, porque te vas a la mierda. Tragas como bestia.
- Cuéntame Sergio –insistí.
- Él, es un alto funcionario y asesor principal de un huevón del gobierno que además es su tío. Le dicen el Número Uno.
- ¿Así? Puta tiene un puestazo.
- Si, claro. El maricón esta paradazo, su tío el Número Uno también es gay y son mis patas.
- ¿Te lo comes? -le pregunté directamente. Y nos cagamos de risa.
La "hierba" seguía presente en nuestras cabezas.
- Lo conocí un día caminado por Miraflores, me pasó la voz y me jaló.
- Eres flete concha tu madre -lo molesté.
- No tas huevón. Nada de flete. Yo le pinto el cuento, que vivo solo y me ayuda a pagar mi casa. ¿No viste que me dejó plata?
- Puta, yo no sabia que vivías solo.
- Anda huevón, vivo con mis viejos. Bueno, es un decir. La plata me la juergueo. Eso es lo que ellos piensan.
- Puta Sergio, a mí no me gusta para nada la idea de que tengas tanta vaina ahí en la casaca. ¿y si nos para la tombería?
- Quien va a saber oe, no seas nuevo. Ese es mi consumo para la semana. Pero vamos a la fiesta el sábado ¿Ah? Ya quedamos.
- Quedaste tú pendejo, yo no sé.
- Vamos, vamos. No jodas, vamos un rato. De ahí nos abrimos a otro lado, ¡no te vas a arrepentir!
- Puta no sé, igual faltan tres días para el sábado.
- Alonso. Vamos a mi casa a fumarnos otro "troncho". Un "desengrase" pes.
- ¿Y tus padres? -le pregunté.
- Mis papas no están, es que se han peleado. Bueno, mi viejo no quiere ir a rehabilitación, y mi mamá ya no está con él. Tiene un novio.
- ¿Cómo rehabilitación? ¿qué hablas?
- Mis viejos ya no están. Pero vivimos en la misma casa. Mi viejo se la pega a diario, y mi mamá ya lo dejó por coquero y por fumón.
- ¿Tu viejo jala?
- Hace años. Ya quemó cerebro.
- ¿Y tu vieja? –pregunté.
- Mi vieja no jala. Fuma de vez en cuando. Antes fumaban juntos, pero el viejo se pegó demasiado, y hay muchos problemas entre ellos por eso.
Las cosas que Sergio me contaba, no entraban en mi cabeza. Sería por la naturalidad con las que me las hablaba. Me quedé callado. Pensaba en todas esas cosas que el chico fresco y bacancito del Instituto me decía. Entendí su personalidad, ese era su sistema de defensa para el diario sufrimiento que me imagino vivía, sentí pena. Sentí pena por no haberlo comprendido, las veces que me decía -Invítame algo Alonso, hoy no he comido- Es que nadie conoce a la gente por dentro, es que nadie conoce como es por dentro nuestro sufrimiento.
- ¡Me quito!
- Qué pasó Alonsito. ¡Te pegaste!
- Si, me quito. Chao, nos vemos mañana.
- Ok, como quieras. Nos vemos mañana.
Al día siguiente, no fue a clases, ni el viernes tampoco. Lo estuve esperando y nunca llegó. Me imagino el boletazo que se había metido con toda la vaina que le dejó Rodrigo. Pobre, me quedé preocupado. La verdad que estaba pensando en él demasiado. No quería hacerlo, quería sacarlo de mi cabeza pero no podía. Lo estaba extrañando.
¿¿Si?? No, ni cagando. Yo ya tengo mis propios problemas en casa, como para andar preocupándome por los de otro.
- Ay que me importa –dije -¿total? No será ni el primero ni el último, que se droga. ¿¿¿Y si se está drogando con su viejo??? -pensé. Todo puede ser, que feo. ¡¡¡Que horrible!!! ¡¡¡Pobre Sergio!!! Es así porque en el fondo quiere huir, de algo. No sé.
El sábado se me hizo tarde, siempre estoy tarde los sábados. Porque del inglés al Instituto solo tengo 15 minutos. Está cerca, pero no la hago. La clase ya había comenzado.
Manie Rey dictaba en el laboratorio y ya estaban todos con los audífonos puestos.
- ¡Que tarde llegas Alonsito, que irresponsable! -era Sergio.
- Que conchudo eres. Te apareces después de dos días y yo soy el irresponsable.
- Ja, ja, ja. No sabes el boletazo que me metí con unos brothers.
- Me imagino. Con toda la porquería que te dejó Rodrigo.
- La porquería más rica del mundo Alonsito. No sabes el juergón que te perdiste. Pero hoy somos en la fiesta ¿ah?
- Puta no sé huevón. Creo que no la hago.
- Puta no jodas, no me abandones. Tú eres mi batería.
Y me pasó la mano por el hombro. La Teacher Manie se dió cuenta y nos dijo, con esa voz estereofónica que la caracteriza:
- ¿Por qué no se van afuera a declararse su amor jovencitos? -Y todo el salón se cagó de la risa. Cuando salimos de clases, Sergio me dijo:
- ¿Por qué no nos metemos un bate para llegar estonazos al tono? -mientras me abrazaba.
- No, paso.
- Puta, que arañado eres. ¿Qué te pasa?
- ¿Por qué faltas a clases huevón? La estás cagando.
- Te prometo que nunca más te dejo mi amor.
Y se mató de risa con cacha. Yo también me reí, no quería parecer su papá dándole consejos. Además, él era dos años mayor que yo y yo hablaba como el viejo.
Nos subimos a un taxi, los dos atrás. Sergio sacó el bate que ya estaba armado y lo prendió. Con una mano fumaba y con la otra me tenía abrazado. Yo solo miraba, hasta que el tío del taxi, se volteó y dijo:
- ¡Oye, apaga tu cochinada!
- Ya pe tío, éste es mi almuerzo. ¡¡¡Yo soy vegetariano!!!
Y nos cagamos de risa los tres. Sergio fumaba y me daba de fumar con su mano. Cuando él tenía el humo me decía: -abre la boca- Y me metía el humo soplando despacio dentro de mi boca. Me gustaba ese jueguito, me sentía muy de él. Me abrazaba fuerte, pegándome a su pecho, y repetía la misma operación.
Llegamos a la casa locazos. Era una casa grande en San Borja. Muchos autos negros polarizados, un par de patrulleros y media docena de tombos en la puerta. Me paltié.
- Tranquilo papacito. Somos los invitados de honor -Me puse serio.
- ¿El señor Aníbal Quintanilla por favor? –dijo Sergio.
- ¿De parte de quién? El señor está en una reunión.
- Si, somos invitados.
Los tombos se miraron entre ellos y se sonrieron.
- ¿Sus nombres?
- Sergio Calle y Alonso Pérez.
- Ah si. Aquí estás Sergio. Pasen.
Entramos, la casa estaba llena de gente. Entre la sala, la terraza y la piscina llamaba la atención la poca cantidad de mujeres. Habrían tres a lo mucho. Después como cincuenta hombres. También llamaba la atención las edades. Un grupo grande de cincuentones y otro más grande de veinteañeros. Los más chibolos, éramos nosotros.
- ¡Sergio, Pollito! ¿cómo estás? -lo saludó Rodrigo.
- Hola Rodo.
- Hola. -dirigiéndose a mí -¿cómo te llamabas?
- Alonso, aún me llamo Alonso.
- ¿Se han metido un bate no? Están chinitos.
Y se rió moviendo mucho las manos.
- ¡Mozo! Trago para los muchachos.
Rodrigo estaba bastante avanzadito con los tragos y se le veía más loca. Gesticulaba demasiado y movía mucho las manos. Las maricas movemos mucho las manos, las manos nos deschavan ¡Alerta chicas! ¡Ese es un punto que debemos corregir!
- Ahorita viene el Número Uno. Se muere por verlos.
Me miró y me dijo:
- ¡Ya le hablé de ti!
- Tío, tío. Mira ¡quién llegó!
- Hola chicos, ¿cómo están? Bienvenidos.
El anfitrión era como de unos cincuenta y cinco años, con el poco pelo que le quedaba teñido de negro. Se lo habían teñido ese mismo día, la frente tenía la sombra guinda del trabajito de su peluquero. Tenía la nariz grande, unos lunares bien notorios en la cara y por lo menos un jalón de cara.
- ¡Feliz Cumpleaños pues! -dijo Sergio -a los años.
- He estado en Rio, pero ya habrá tiempo de retomar el tiempo perdido. ¿Y este muñequito?
Me miró, agarrándome el mentón y deslizando sus manos arrugadas y pecosas por mejilla y hombro.
- ¿Cómo te llamas?
- Alonso –contesté.
- ¿Y Alonso qué me trajo de regalo? Porque sabrás que es mi santo, ¿no?
- Si claro. Gracias por invitarnos. Feliz cumpleaños.
- Ay que educadito. Así me gustan los chicos. –y de nuevo me manoseó.
- Bueno, bueno. Diviértanse, ya regreso que tengo otros invitados.
- ¿No es lindo mi tío Alonso? -me preguntó Rodrigo.
- Si claro -le respondí.
Pero en realidad, la loca era horrenda. Parecía Gargamel gordo y cabro. Puta y encima coquetón el maricón. Que feo ser tan cabro cuando eres tan viejo. Yo siempre he pensado que mientras más viejo eres, tienes que ser menos loca. Un tío puede ser gay, pero no tiene que ser tan mariposa. Por eso me encanta Oscar Ugarteche, ¡porque es un señor! Siempre lo admiré. Desde que lo vi por crear el MHOL y por ser como es. Nunca lo dije, pero soy hincha de él.
- Vamos al baño -dijo Rodrigo y todos lo seguimos.
El baño era grande, lujoso. Abrió la puerta que estaba abajo del lavabo y sacó una fuentecita que sería un adorno de la casa, de plata, linda. Tenía una cucharita también de plata chiquita, pero linda.
- Sírvanse -nos dijo.
Estaba llena de coca. Repleta hasta arriba. No lo podía creer, jamás vi tanta cocaína, solo en Caracortada, pero en vivo ¡¡nunca!! Me quedé impresionado. Sergio agarró la cucharita, la repletó de vaina y se metió un tirazo. Cargó de nuevo la cucharita y otro tiro en el otro lado. Se puso rojo, casi estornuda. Pero solo zamaqueó la cabeza. Rodrigo me dijo:
- ¡Dale!
- No. -dijo Sergio -El no jala.
Rodrigo me quedó mirando, hizo un gesto y se parchó al toque. Agarró un poco de coca con el dedo y se lo metió a la boca. ¡Que fuerte me pareció esa escena!
Estuvimos chupando a forro, nos pusimos a tono con los tragos, la música era media lenteja, pero nadie bailaba. La fiesta era rara. Bueno, no era una fiesta, era una celebración. Todos le hacían la patería al Número Uno, me imagino por el puesto. Un par de huevones lo acosaban toda la noche, no lo dejaron solo ni un rato.
Sergio estaba durazo, yo zampado. Es que iba y venía del baño con Rodrigo.
- ¡Estás huasca! -me dijo Sergio.
- Si. -le dije a secas.
- Vamos al baño, pero los dos solos.
Fuimos al baño y me dijo:
- Métete un tiro conmigo. No digas que yo te ha dado. ¡No quiero que Rodrigo piense que te estoy cuidando!
- Ya.
- Prométeme algo.
- Si, dime.
- Que no te vas a pegar como huevón a esta vaina.
- Ok. -le dije
Y me sirvió dos cerrazos de coca. Así, quedó inaugurada la nueva galería. Salí del baño paradazo. Me puse arriba, todo cambió. Inclusive Sergio estaba más sexy. Rodrigo dijo:
- Vamos a continuar al cuarto.
- Si -dijo Sergio -¿y tu tío?
- ¡Mi tío ya eligió! Hoy te quedas conmigo.
Entramos al cuarto, era muy grande, alfombrado. La tele era inmensa y las cortinas pesadas, la cama muy grande. Sergio conocía la casa y el cuarto. Lo noté porque abrió el closet con seguridad. Sacó unas pantuflas que se puso después de quitarse las tabas y se sentó en la cama. Al poco tiempo, Rodrigo salió del baño del dormitorio con bata, abrió la botella de whisky, que se trajo de la sala, sirvió tres vasos, hielo y agua. Abrió la boca y se sopló todo el vaso.
- Ya vengo -Y salió.
Sergio me dijo:
- Sácate los zapatos y ven a la cama.
Le hice caso. Sergio me abrazó y me dijo:
- Tú eres mi pata carajo. Tú eres mi pata, somos causas.
- ¿Estás duro, no basura?
- Ja, ja, ja. ¡¡Que rica es la coca carajo!! –Y se quedó sentado hasta que dijo: -!Salud!
Yo no hablaba, solo miraba. Sería la coca que me dejó callado. Solo pensaba, no me salía una sola palabra. Rodrigo regresó con la fuente de plata del baño. La puso al centro de la cama, pellizco la merca y se la metió en la ñata. Sergio hizo lo mismo. Yo me metí lo que me puso Sergio en la cara. Rodrigo se quitó la bata, estaba en boxer. ¡Que feo cuerpo que tenía ese cabro! –pensé pero no hablaba. Sergio chupaba y jalaba, yo tenía la boca seca. Tomé y me serví más trago. Jalé de nuevo. Sergio seguía tomando cuando en eso Rodrigo se le acercó y comenzó a agarrarle la pinga por encima del jean. Yo miraba. Le bajó el pantalón y comenzó a chupársela delante de mí . Yo seguía mirando mudo. Sergio se quitó el pantalón, la tenía dura. Que grande la tenía Sergio -pensé. Era realmente grande. Nunca lo imaginé así, desnudo. Me parecía guapo, pero no sé. Yo estaba al palo también. Sergio se quitó la camisa. Rodrigo se quedó desnudo, se volteo y me dijo: -Ven-
Yo me acerqué a la cama, no por él, sino por Sergio que me estaba mirando y yo por mirarle la pinga no me percate. Rodrigo me comenzó a agarrar la pinga que la tenía dura por encima del pantalón. Me bajó el cierre y me la sacó, no me miraba. Se la seguía chupando a Sergio cuando cambió de punta y me la comenzó a chupar. Yo estaba en otra cosa, no lo podía creer. Estaba borracho, duro y estaba dejándome con un tío que no me gustaba.
Sergio me miraba y en medio de su dureza, esbozó una sonrisa. Yo tieso, nos metimos todos a la cama y me acerqué a Sergio. Lo quería tocar, pero no lo hacía. Sergio me agarró del hombro y me hacía como masajes. Yo me dejé, de pronto Rodrigo se levantó y dijo: -Métemela Sergio.
Sergio me miró y me guiñó el ojo. Abrió un cajón, sacó un condón, se lo puso y se la metió. Yo miraba de cerca todo, me sentí a raro. ¿Qué pintaba yo ahí? Me quise ir pero Rodrigo me agarró y yo me solté. Sergio me dijo: -Hey, ¿qué pasa? Tranquilo.-
Y me relajé, me tocó las tetillas y me dejé. Me puse arrecho de nuevo, Rodrigo me quería chupar la pinga pero Sergio se la estaba metiendo fuerte y la cama se movía. Rodrigo aguantaba calladito todo el inmenso miembro que Sergio le metía. Me detuve, me pare, reaccioné y me fui al baño. Hasta que Sergio me dijo: -¡¡Ven!!-
Yo no le hice caso. Me miré al espejo y me sentí pésimo. Quería estar con Sergio pero solo con él, sin soportar a alguien como Rodrigo que me toca sin preguntar. Me lavé la cara y salí. Busqué mi ropa en el piso y me la puse rápido. Sergio se tiraba a Rodrigo de espaldas a mí. De pronto , volteó y me dijo: -No te vayas-
Lo miré, quise llorar, no sé. Me miraba triste, con un poco de rabia mientras se seguía moviendo con fuerza como queriendo desfogar toda su ira y vaciarse sin pensar más que en terminar. Y cuando termine de darla, botar también un poco de todo el asco y la miseria que vivía en esa situación.
Salí del cuarto, crucé la casa, borracho como estaba. Estaba horrible, ya no había nada. Eran las diez de la mañana. Busqué la puerta, quería salir de esa casa. La luz de la mañana, que horrible situación. Salí y tomé el primer taxi que pasó, me fui a mi casa.
No pude dejar de pensar en lo vivido, la situación era fuerte. Mi compromiso conmigo mismo; roto. ¡Que feo destino! En el Instituto, dejé de ver seguido a Sergio. El también se alejó un poco de mí.
Yo no estaba molesto, pero si avergonzado. El también un poco, creo, no lo sé. Es que detrás de la apariencia de fresco, yo sé que había una buena persona. A veces nos cruzábamos frente a frente, nos saludamos y basta. Ni una sola palabra. A veces lo sorprendía mirándome en el patio, no decía nada. Siempre aparecerán las imágenes que viví con él y además también sé que él tiene su manera de ganarse la vida. De vivir según él; bien.
Un chico como él, no puede enamorase de nadie, solo tira y está con quien le dé. Yo no puedo compartir con nadie a quién yo quiero. Lo mío, !mío es!
Terminé el Instituto muy agradecido, de lo aprendido. Mis profesores se alegraron conmigo y yo de haber compartido momentos increíbles, con gente como Manie Rey. Soy Alonso, tengo 22 años y estudio en la Universidad, tengo ganas de vivir intensamente. Pero cada que lo hago, algo muy fuerte me pasa. Tengo miedo, no sé.
Camino por la calle rumbo a la casa de un compañero de la Universidad y escucho un grito:
- ¡Alonso, Alonso!
Era él, estaba más flaco pero seguía lindo.
- Sergio, ¿cómo estás?
- Cómo estás tú loquito, que gusto de verte.
- Yo bien ¿y tú?
- Te ves bien amiguito.
- Tú también.
- Oye, ¿qué fue de tu vida?
- Puta, nunca terminé el Instituto. Tú sabes, la plata a mí no me sobra.
- A mí tampoco huevón, pero yo sí terminé.
- Que bueno. Oye cuantos años, ¿no?
- Sí, así es.
- Vamos a mi casa. Vivo solito, aquí a seis cuadras.
- No puedo Sergio, tengo que hacer. Me están esperando.
- Ya pues, no jodas. Hace años que nos debemos una explicación de algunas cosas.
Lo mire y continuó:
- Y también siempre quise terminar una cosa que empecé contigo y se quedó a la mitad porque saliste corriendo de una casa en San Borja.
- Ja,ja,ja -me dio risa. -Dame tu fono que te llamo -le dije.
- No, no me llamas. ¡Mentira!
- Sí, lo juro.
- Dame el tuyo mejor.
- Ok. -Le di el fono y prometió llamarme el sábado.
Seguro que llamó, no lo sé. Alguien le habrá contestado y le habrá dicho -Lo siento, número equivocado.-