El hijo de la bruja... el amor de mi vida
Yo nunca he creído en fantasmas, mucho menos en cuentos de horror. Yo siempre creí en lo que veía o no veía... y esos ojos negros de verdad me habían embrujado. Es que eran grandes, inmensos, penetrantes, de ese negro que no te da miedo explorar. ¿Eran los ojos gigantescamente almendrados? ¿o también eran las cejas? Arqueadas y perfectas, tan pobladas que solo podían estar en esa cara. La piel trigueña, el pelo rizado y esa displicencia del que tiene toda la belleza de su lado. Pero tenía un defecto: era egocéntrico. Y se le notaba. No podía permitir que el centro de atracción no sea él.
Y yo no nací con tanta belleza, es más; algunas me han costado varias visitas al cirujano. Pero lo que no me dio mi madre en perfección, me lo dio en personalidad y carisma. El resto, me lo dio el bisturí y lo que importa es lo que "se ve", como dice mi amiga, la animadora de talk show, más reencauchada del país.
André era muy popular no solo por sus atributos, si no por sus gustos sexuales, que eran muy comentados en el grupo en el que parábamos. Se le veía varonil, eso ni dudarlo, pero es que cada aparición que hacía era una competencia entre "nosotros" y las mujeres. Y a veces, eran ellas las que se quedaban sin pastel. Yo ni lo miraba, era super popular en el grupo y el ámbito gay. Además, una cara bonita no me iba hacer perder al cabeza. No estaba dispuesto a tirar mi reputación por los suelos, y mucho menos competir con una "loquita nueva" de esas que se comen todo lo que se mueve y orina parado.
André siempre me saludaba al vuelo, no le hacía ninguna gracia la poca bola que le paraba. Pero es que yo también tenía mis armas. Para comenzar, no podía tirarme al piso como lo hacían maricas y mujeres. ¡No! Yo me botaba tanto como lo hacia él. Los talentos de la madre de André también eran muy marketeados, decían que era la clarividente más poderosa del país, y que su clientela era la más rica, exclusiva e influyente, que inclusive hasta el presidente la llamaba de cuando en vez.
¡Por Favor! Como si yo estuviera para creer en brujas y hechizos. Para conjuros y amarres, no hay mejor bruja que una cara linda acompañada de una jugosa cuenta bancaria. Ahí si que me pasen el cuy, que me vomiten agua de cananga, y que llenen de alfileres mis fotos. Como lo hace cierto productor (¿?) con tal de verme arruinado. Como dicen las abuelas, el mal rebota y para confirmarlo solo basta revisar su historia clínica.
Siempre salíamos a bailar toda la mancha junta, por esa época me dio por parar en sitios "straights". Es que la mariconada cansa, y yo la mitad de mi vida la he realizado en una discoteca. Mis amigos, chicos y chicas me adoraban y yo a ellos. A veces me encuentro con La Gringa Claudia a quien tanto quiero. Me la encuentro por algún local de la ciudad, es que ella como yo, se conoce todas las discotecas, pubs, salsotecas, karaokes, salsódromos, lounges, bares, salones de baile, barras, clubes departamentales, antros y/o cuchitriles... desde Ancón hasta Asia.
Mi vida ha sido muy nocturna, por eso tengo mil historias que contar. Un día le dije a Claudia:
- ¿Tú te has agarrado a André, no?
- No. -y se mató de la risa
- Ay, por favor. Dime pues.
- Sí... una vez. Pero ya fue... es mi pata...¿por qué?
- Por nada.
- ¿Te gusta?...¿es lindo, no?
- Ya no seas sapa.
Le dije mirando la ventana del ‘Roccas’, el local en el que parábamos. Yo la quería a La Gringa, era la cagada. Que pena que su mamá era tan "doblecara". Esa tía fue la que le dijo a mi mamá que yo era gay. Como si mi madre no lo sospechara, pero yo se lo había confiado a ella. No tenía por qué ser tan cagona y lengua larga. Por eso, el hijo le salió cabro. Pagó por su lengua y encima me lo tiré. Aunque no me gustara nada. (Ay Gringa. Sorry por lo de tu hermano, pero tu vieja se lo merecía).
Un día la Gringa me dijo:
- Gustavito, ¿sabrás que André ha dicho que tú eres el que menos le cae de la mancha?
- ¿Ah sí, eso dijo? Pues dile que me ha roto el corazón con su comentario, poniendo toda mi cara de cacha.
Que se cree ese huevón, ¿qué quiere? Que vaya corriendo detrás de él a decirle lo lindo que es. Jamás lo haré, pero nunca digas nunca. Eso me lo enseñó una persona más vieja que yo y más rata.
- Hola Gustavito ¿cómo estás?
- Hola André...
- Que raro que me saludes así.
- ¡Hoy estoy más que feliz!
- ¿Así? ¿Por verme?
- No, no... no por ti. Hoy es mi cumple.
- Que bueno... Feliz día, creo que nadie sabe.
- Bueno, no en realidad... Pero la fiesta es el sábado en mi casa, te espero. ¿Conoces no?...en San José.
- Si gracias, ahí estaré y gracias por invitarme.
- Bah!... Si no pasamos más tiempo juntos, es por que no quieres. ¿por qué no te tomas un trago?... Total, estamos solos con la Gringa Claudia.
- Ok.
Yo tomo vodka. El tomaba cerveza. ¿Por qué los hombres tomarán cerveza? Detesto al hombre con olor a cerveza, la cerveza embota y la eructas encima y te aparece una barriga que cualquiera te cofunde con Manolo Rojas.
Nos reíamos los tres. Yo analizaba a André como hablaba. Poniendo los ojos para arriba, siempre en cada movimiento, caminado con una mano en el bolsillo. Siempre muy educado, extremadamente educado para un muchacho que sabemos no ha sido criado en Londres, pero esa era su forma de venderse. Siempre regio, siempre bien vestido. Siempre nuevo.
Yo por mi parte, nací con una personalidad peculiar. Mis atributos principales eran la velocidad de mi lengua y mi apariencia de chico bien...re-gay por supuesto. Tengo 21 años y ya no estoy para tonterías. Ese día Claudia, que tenía el cerebro tan rápido como mi lengua; dijo:
- A ver chicos, júntense.
Haciendo el ademán de un fotógrafo que nos va a retratar.
- A ustedes se les ve bien juntos...
Yo me quede frío. ¡Que roche! Era un piropo para mí, para nosotros realmente. Pero me invadió un sentimiento de vanidad con vergüenza. Ustedes me entienden, es que te relacionen con un muchacho tan atractivo es algo difícil de manejar, menos para mí que trato de mantener mis hormonas bajo control. Nunca me gustó que se me viera como una loquita desesperada por un macho, que feo se ve eso. Eso si es para mí, un papelón.
André me abrazó y haciendo uso de su dominio de situación, comentó riéndose:
- Como no se nos va a ver bien, si somos lindos. Yo más, pero Gustavito pone lo suyo. Ja, ja, ja..
- Oye ¿qué te crees huevón? -Me defendí.
- No, no pues Gustavito... No te piques...ya, ya, ya. Tú también eres lindo!!
¿Qué cosa? ¿Esta rata inmunda me está tratando como si fuera un huevoncito que juega de mantequilla a la seducción? ¿Quién se cree que es? Soy una persona que si bien es cierto, está en búsqueda del amor verdadero, de esa relación ideal que todo el mundo desea. No quiere decir que me voy a dejar arrollar por nadie, por más conquistador que sea. Tengo un gran sensor para desarrollar mi sexualidad con mucha naturalidad y vivo sexualmente a mi manera y a plenitud.
- Un momentito. Entonces, ¿por qué comentaste que yo era el que menos te caía de la mancha? ¿Señor Irresistible?
- No, no. Yo nunca dije eso.
- ¡Ay por favor! Compórtate como un varón y afronta tus comentarios con responsabilidad.
- Bueno Gustavito. Es que tú siempre eres bien botado.
- ¿No será que tú quieres tener en vez de amigos, un Club de Fans y yo no estoy dispuesto a ser uno de ellos?
- Uy, te salió la materia..¿O sea, es así como me ves?... Como una persona que se cree superior...
- Mira, como tú te veas, eso te lo tienes que decir tú. No yo.
- Por qué no me dices mejor que te gusto y se acabó.
- Ja, ja, ja..-me reí- Porque no es verdad.
- Tú si me gustas.
Claudia se cagó de la risa, yo rojo, morado...
- Bueno lo que tú sientas, es tu problema. Yo no soy responsable de lo que sientan por mí los demás.
Y no pude continuar por mi nerviosismo y me terminé de un solo trago mi vodka que ya estaba por la mitad.
- Que risa me das Gustavito.
- ¡Ah! ¿Ahora te doy risa?
- No, no...no lo tomes a mal. Me da risa tu manera de hablar, defiendes tu honor peor que una chica. Pero ese orgullo más parece una pared que estás loco porque alguien trepe, para ver que hay atrás.
- Mira Andreíto, esta conversación me parece patéticamente de ambiente para sostenerla delante de una chica.
Señalando a Claudia que se había ganado con la escenita sentada en primera fila.
- Así que siendo las 2 y 30 de la mañana, me quito. Soy fuga... Chao.
- ¿Te molestaste?
- No en absoluto, pero me cansé.
- ¿No te molestaste?...¿seguro?
- Ahora tú eres el especial, ya te dije que no.
- Bueno, te espero el sábado. Chao.
En el taxi de regreso pensaba, que numerito tan huevón. Discutiendo con el imbécil por ver quien es más lindo. Que maricón pensé y ponerse pico a pico conmigo buscándome la sin razón. Que huevada más grande. Encima que roche delante de Claudia y el conchudazo no se quedó callado, ni siquiera por que ha sido su agarre. ¡Que cabro carajo!
El sábado estaba tirado en mi cama, me dolía toda la espalda, es que después del trabajo quedo muerto...después de mi chamba. Diez de la noche, suena el celular.
- Oye ¿vas a venir a la fiesta no? Estamos todos acá.
- ¿Quién habla?
- Claudia! ¿Vienes?
- Hola Gringa. ¿Qué fiesta?
- La de André. ¿vienes?...Ay te estás durmiendo...te lo paso.
- Hola Gustadito, no seas falla. Te estamos esperando o pensaré que si te molestaste.
- Nada que ver, me cambio y voy...
Colgué. Me quedé mirando el techo de mi habitación, mirando esa pared paralela a mí, que siempre es el límite entre mis pensamientos y la realidad. Quería ir, pero mi orgullo me detenía. No por mucho tiempo la verdad, me metí a la ducha. Siempre me visto según mi estado de ánimo. Es algo que no he podido superar. A veces estoy super y a veces fatal, pero cuando abro el closet y pongo todo sobre la cama, sé que quiero llegar espectacular.
Doce y treinta de la noche toqué el timbre, me abrió la mamá. Yo tenía puesto un pantalón jean tratado blanco un poco pegado, un polo sin mangas también blanco, con una cruz grande en el pecho. Era verano y estaba muy bronceado. El pelo como le gusta a mis amigos, todo con gel para atrás. La quedé mirando por que ella me quedó mirando primero. Hubo un cruce de electricidad entre los dos. ¡Que fuerte que miraba esa mujer! ¡Dios mío! Y que ojos, los mismos que su hijo. Me dio frío. Se me cayó la sonrisa que siempre uso cuando entro a un lugar.
- ¿Tú eres Gustavo, no?
- Si. Soy yo.
- Hola soy Yazna, la mamá de André.
Fue la primera vez y nunca la olvidaré. Yo sabía quien era, pero no como era. Todos sabíamos de sus supuestos poderes y a qué se dedicaba. Que era una vidente famosísima y que mucha gente de nivel la visitaba, pero una cosa es escuchar las historias y otra mirarla a la cara. Una cara que nunca olvidaré, tan enigmática, con mucho imán, ella es de esas personas de las que te gusta hablar en los campamentos, de noche o cuando hay apagón...
- Mamá, él es Gustavito...mi amigo.
- Si, ya sé.
Dijo tajante pero sonriente, sin quitarme la mirada. André estaba también todo de blanco...como yo...
Yazna levanto una ceja y me alcanzó un consejo:
- Nunca te pongas nada que tenga una cruz. Mucho menos te cuelgues un crucifijo, porque cargarás tu propia cruz.
- ¿Qué? -pregunté consternado.
- Por tu polo, tiene dibujado una cruz. Quémalo ,regálalo, úsalo de trapeador. No sé…¿es nuevo?
- Si, es nuevo.
- Hoy día comenzará un martirio que vivirás por mucho tiempo, pero tranquilo, será de amor, porque es así como te sientes hoy. Acá todo viene por izquierda, en la familia somos todos zurdos...nadie te molestará. André llévalo a tu cuarto y que se quite ese polo.
André me agarró del brazo y me llevó por la casa. Me detuve a saludar a la volada y bajé las gradas. La casa era rara, los cuartos estaban en un sótano.
- André, ¿qué es todo esto? ¿por qué me dijo eso tu mamá?
- Cállate... mi mamá sabrá por qué te lo dice. Y no te lo dice de mala, porque no lo es. Si te aconsejó es porque le caíste bien. ¿Por qué viniste de blanco?
- No sé, ¿qué tiene?
- Nada. Yo tampoco sé por que me puse de blanco.
- ¿Estamos bronce, no?...Por eso.
- Anda loco...No es por eso, ella lo interpreta de otra manera.
Mientras hablaba, buscaba que cosa prestarme.
- Oye, me quiero quedar con mi polo, me gusta.
- ¿Estás loco? Mi mamá me ha dicho que te cambie de polo.
- ¿Le ha molestado que estemos los dos de blanco?
- No, lo que dice es que nunca lleves puesto una cruz o un crucifijo, porque es algo que tú mismo estás cargando.
- ¿Así? Yo pensé que era por que estábamos iguales.
- No, no es eso. Es casualidad, bueno eso espero, aunque para ella no hay casualidades; todo es conexión.
- Ay, me estás hueveando. No jodas. ¿Tú crees en el floro de tu vieja?
- Oye, mi mamá no es ninguna florera para comenzar. Ella tiene un DON, como lo tiene mi abuela y mi hermana menor, solo las mujeres lo llevan...y no te metas con ella , que creo que le has caído bien, ahora solo falta mi abuela.
- ¿Y tu hermanita?
- Ella recién tiene diez años, todavía no se da cuenta. No sé que cosa te pueda prestar para que te pongas.
- Quiero seguir de blanco, dame tu camisa.
- Ya mejor, y yo me pongo otra cosa.
Se quitó la camisa y yo el polo, los dos nos miramos con nuestras prendas en la mano. Yo no aguanté bajé la mirada, él también.
- Que bonito tu tatuaje...
- Gracias.
Y lo tocó. La piel se me puso de gallina, él estaba caliente y yo helado. Todos los poros se me dilataron, su mano ardía sobre mi piel fría. Me calentaba.
- ¿Qué pasa? ¿Se te bajó la presión?
- No sé...me dió frío.
- Ponte la camisa.
Me la puso y la abotonó.
- Ayer peleando y hoy en mi cuarto. –comentó.
- Si pues, que raro. ¡Ah! oye...tu regalo.
Me saqué el collar que tenía puesto de shakiras con plata que pensé le podía gustar.
- Gracias, que lindo detalle.
Y me besó en la mejilla. Nos pusimos rojos. Tiró mi polo en la cama y se puso otro azul. Tocaron la puerta.
- André abre.
Era su mamá.
- Pasa, está sin llave.
- Ya ves. Nunca más cometas ese error de ponerte algo tan esclavizante como una cruz.
- Yo la veía bonita.
- Si, me imagino. La gente es ignorante. Usa los símbolos como jugando sin saber su verdadero significado.
- Ya mamá, lo estás incomodando.
- No, no...para nada. Más bien gracias.
- Ah me olvidaba. -dijo su madre- Esto te mandó de regalo Yariko.
André abrió el paquetito.
- ¡Que lindo un bobazo! Es muy fino, es Rolex. Yariko es un encanto.
- ¿Yariko?...¿la hija del presidente?
- Sí , ella es muy amiga de mi mamá.
- Ella es un encanto. Es muy sencilla, mañana la verás. Me visita todos los domingos.
¡Uy! –pensé- ¿dónde estaré mañana? Ella me miró como adivinando mi pensamiento y me repitió:
- Mañana la vas a ver...
Y salió del cuarto dejándonos a los dos, mirando el lindo reloj.
- Oye André, tu mamá conoce a... – y él me calló.
- Las cosas que mi mamá te diga, o lo que veas acá en mi casa son para ti. No las comentes. Mi mamá es una profesional muy querida por sus clientes.
Salimos a la fiesta que ya estaba empiladaza, todos tomando y juergueando. André tenía buen gusto para celebrar sus cumpleaños y era el hijo mayor. El favorito de Yazna. Durante toda la fiesta me sentí observado, tenía la sensación de tener el acecho de alguien que me miraba todo el tiempo, de un espía que me perseguía por toda la casa. Me la pase posando no sé por qué. Pero sentía unos ojos vigilándome por todos lados. Tomé algunos tragos, traté de relajarme y de pronto me dicen:
- ¡Salud !
Ahí estaba parada frente a mí, comiéndome con la mirada. ¡Que fuerte miraba, demasiado fuerte! Tan fuerte que jamás me olvidare de ti Yazna, tú lo sabes muy bien. Como tampoco olvidaré a tu hijo André, donde sea que esté.
- ¡Salud! - dije con respeto y temor.
- Gustavito, ¿cuánto quieres a mi hijo?
- Bastante señora, somos muy amigos.
- No me digas señora. Dime Yazna.
- Ok. Yazna
- Me encanta la gente joven, la juventud es lo más maravilloso de la tierra. Te hice una pregunta, espero respuesta.
- ¿Perdón?
- ¿Cuánto quieres a André? Yo sé que lo quieres y estás enamorado de él. Además, sé que lo quieres bien, que de verdad es amor sincero.
- No, no Yazna. Yo sería incapaz de...
- Basta de tonterías...que me vas a decir. ¿que no? ¿que es mentira? No me lo puedes negar, es imposible que lo hagas. Yo no me voy a molestar, ni tampoco te lastimaría. Nosotros no lastimamos a nadie, además él te quiere también. ¿Sabes que? Tú me caes bien Gustavito. Por favor, trata bien a mi hijo que él es bueno también.
Se me paso la borrachera. ¿Qué cosa me dijo esa mujer?...¿qué comentario es ese?. Quién te dice a la cara: “...estás enamorado de mi hijo, trátalo bien...”. Solo alguien muy especial, con una sensibilidad diferente. No es el comentario de una madre común y corriente, solo de una muy Avant Gard. Una mujer con una capacidad de comprensión muy adelantada. Para ser honestos, me gustó. Me quedé impactado con ella desde ese momento aún más. De todo ese misterio que ella tenía para todos, como background.
- Gustavito.
- ¡Mamá...salud!
Se acercó André a brindar con nosotros:
- ¿De qué están hablando, ah? ¿Espero que no sea de mí?
- ¿Y de quién más, si no es de ti amor? Oye hijito, Gustavito me encanta, me cae bien. -comentó la mamá- tratándome de manera muy especial.
- ¿Así? ¿verdad mami?...Bueno, a mí también.
Yo me puse super nervioso.
- Pero Gustavito es muy creído mamá.
- No, no. No es eso hijito, lo que pasa es que tiene miedo que lo conozcan por dentro.
- Lo mismo le dije yo mamá y se molestó.
Y se rieron. Yo también traté de hacerlo. ¡Que mamá tan entendida! –pensé. Me sentí cómodo con ella, era fuerte sí lo sé. Pero dentro de esa agresividad, había muchísima sensibilidad gay.
- Chicos, me viene a buscar una amiga. Creo que me voy a dormir a su casa en La Punta. Por favor, que la fiesta termine en orden, vengo mañana para almorzar.
Se fue. Dejándonos a los dos mirándonos a los ojos. Mirándonos como nunca...dos personas se miraron como solo se miran dos enamorados. La fiesta estaba más que buena, todos estábamos sumergidos en un ambiente muy bueno. ¡¡Cómo extraño a esa gente!! ¿Qué será de ellos?
- Bueno André. Que buena tu fiesta pero ya es hora de irme...chao. Me pareció mostra...de verdad, gracias. Pero ya me voy.
- ¿A dónde? -me preguntó
- A mi casa. ¿A dónde mas?
- ¿Estás loco? Tú no sales de acá.
Me miró entre serio y contento; me dio risa.
- ¿Y cómo? ¿me vas a amarrar?
- No. No lo voy a necesitar, estás amarrado ya.
Algo me silenció. No sé que fue, pero estaba como atado de manos. Me tomó del brazo y me llevó a su cuarto. Me besó. ¡Cómo me besaba ese hombre! Jamás nadie me besó igual. Nos quitamos la ropa, hicimos el amor. Me miraba, lo hicimos de nuevo. El no acababa nunca. Yo no quería que acabe nunca. Me dejaba. Que bueno era estar con él en la cama, quería más y más. El lo sabia, lo sentía y me complacía. Creo que nunca ningún cuerpo encajo de manera tan perfecta con el mío. Pienso que no me hubiera importado que llegue en ese instante el día del juicio final. Fueron momentos gloriosos en nuestras vidas, que nunca se podrán borrar. Nadie amo tanto mi cuerpo como él. Nadie se apoderó de su mente como yo, parecíamos uno solo. ¡Pero éramos dos!.
Me desperté desnudo y abrazado por André. Yo le agarraba la cintura, él estaba desnudo, me asusté. El sol se filtraba por las cortinas pesadas de la habitación. Un trapo blanco entre los dos y mi polo lo tiré al piso. Me puse de pie sobre él, me vestí rápido. André se despertó. Había ruido en la sala.
- No salgas todavía Gustavito, creo que mi mamá está atendiendo.
- ¿Qué hora es?...
Miró su reloj nuevo.
- Las tres de la tarde.
- ¡Que palta, me tengo que ir!
- ¿Por qué?... ¿no te gusto?...
Mirándome a los ojos.
- Claro que si huevón, pero ya es tarde.
- Espérate un toque, déjame ver.
Se puso un buzo. Descalzo y sin polo, salió de la habitación. Nos asomamos por las gradas.
- Yo conozco a ese tío. -le dije.
- Claro. Es el Presidente del Congreso, el ingeniero Yon Chun.
- Sí, es él. ¿También viene a ver a tu mamáa?
- ¡Ay Gustavito! Mejor pregúntame, quién no viene a verla.
Regresamos al cuarto, nos terminamos de cambiar. Nos besamos un rato, un buen rato más. ¿Cuánto tiempo nos besamos? Mucho... muchísimo tiempo estuvimos pegados. El suficiente para ver pasar por esa casa muchísima gente que solo veía por televisión y que pensé nunca conocería.
A Yazna nunca le gustó la televisión. Decía que las que iban, eran la videntes figuretis, que ella no necesitaba promoción. Que con un don, no se juega. Que ella respetaba esa bendición.
Que lindo fue conocerte Yazna. Te quise tanto como lo quise a André. Me enamoré de los dos, la manera como me hablabas siempre, con tanto amor. No sé si es cierto eso que dicen que perdiste tus poderes. Yo soy testigo de lo increíble que era tu reputación. Me aceptaste solo por que tú sabías como quería a tu hijo, como aquella vez que le dijiste a la animadora: "...vale la pena mejor vivir los sueños..”, cuando preguntaba por su futuro en televisión. A mí mismo me dijiste: “...ten mucho cuidado con lo lejos que quieras llegar, no todo es bueno a través de la ventana...”. Como quisiera encontrarte, sé que André se marchó. Que no entendió como hijo ese amor tan especial por otra mujer, pero él te quiere. Con la fuerza que tiene el misterio que envolvió nuestra relación.